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Cuando en 1939 Robert Capa huyó de Francia para irse a los Estados Unidos ante la posibilidad de ser internado por ser simpatizante de los partidos de izquierdas su archivo de imágenes de la guerra civil española quedó en su estudio de París.

Parece ser que a finales de ese mismo año o a principios de 1940 le pidió a su amigo y también fotógrafo Imre Weisz que los pusiera a salvo ante el avance imparable de las tropas alemanas, y todo parece indicar que este se los llevó consigo a Marsella, donde fue detenido y enviado a un campo de concentración en Argel.

Pero antes de ser detenido Weisz esos negativos habrían acabado de alguna forma en manos del general mexicano Francisco Aguilar González, que en aquella época estaba como diplomático de su país en Marsella, quien acabaría por llevárselos a su país.

El general con toda probabilidad no sabía quien había tomado aquellas fotografías ni conocía su importancia; Weisz, por su parte, quien por casualidades de la vida acabó viviendo el resto de su vida en México DF, parece que tampoco intentó ponerse nunca en contacto con él para recuperarlos, probablemente asumiendo que aquellos negativos, como muchas otras cosas, se habían perdido en la guerra, o simplemente porque no sabía en manos de quien habían acabado.

Así que todo parecía indicar que esa importante parte del trabajo de Capa había desaparecido para siempre, y de hecho no se menciona estos negativos ni en Robert Capa: The Definitive Collection de Richard Whelan ni en Blood and Champagne, la biografía no autorizada de Capa escrita por Alex Kershaw.

Sin embargo en 1995 un sobrino de una hija del general Aguilar se puso en contacto con el International Center of Photography, fundado por Cornell Capa, el hermano de Robert, después de ver una exposición de fotografías de la guerra civil española, diciendo que había heredado recientemente toda una serie de negativos que contenían fotos de la época, y las pocas personas que había oído hablar de los negativos perdidos de Capa en seguida pensaron que podía tratarse de estos.

El problema es que por diversas causas nunca se pudo comprobar si se trataba de los negativos de Capa porque el heredero del general se mostraba reticente a mostrarlos y en más de una ocasión no apareció en las citas que se concertaron para hablar del tema, hasta que finalmente el centro perdió el contacto con él por completo.

Sucesivos intentos de volverlo a localizar fallaron, hasta que con la ayuda de la cineasta Trisha Ziff, que lleva años viviendo en México, los negativos y su propietario volvieron a ser localizados.

En esta ocasión las negociaciones fueron mejor, y tras asegurarse de que esos negativos iban a ir a parar al lugar adecuado -Ziff asegura que nunca se trató de una cuestión de dinero- su propietario se los entregó a ella el pasado mes de diciembre, quien los llevó en persona a Nueva York.

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by microsiervos.com

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